Nací, y me crié, en un ambiente en el que la comida tenía un papel fundamental.
Tal es así que los recuerdos más felices de mi niñez son aquellos en los que mi abuelo Cholo amasaba pastas caseras cada domingo para toda la familia.
Pero fue en mi adolescencia cuando empecé a experimentar con mis propias manos en la cocina, y a conocer primitivamente de que se trataba el arte de hacer pizzas. Era 1998, había decidido trabajar con mi papá en su restaurante.
Ahí conocí al maestro que me dio las primeras lecciones, y despertó en mi la curiosidad suficiente como para que, con quince años, me pasara todo el fin de semana trabajando a la par suyo. Seguí ahí hasta que en el 2001 la crisis que transitaba Argentina nos obligó a cerrar las puertas.
Recién en el 2002 conseguí que me contrataran en una pizzería, estaba muy lejos de casa, pero mi situación económica no me permitía elegir. Viajé y aprendí a los golpes a conocer lo poco reconocida y sacrificada que es la profesión que hoy abrazo con orgullo. Pasaba largas horas tan solo limpiando moldes. Al año siguiente volví, pero esta vez con la suerte de que me asignaran el rol de pizzero, pero era solo por una temporada.
Posteriormente no me quedó otra que aceptar otros tipos de trabajos para ganarme la vida, pero mi espíritu emprendedor, y el impulso de hacer lo que ya entonces me apasionaba, hizo que no me resignara.
En el año 2008 con Valeria, mi compañera de vida, que es panadera y pastelera, nos propusimos iniciar un negocio en el que pudiéramos poner en práctica todo lo que sabíamos y que nos permitiera vivir de lo que amamos hacer.
Así nació “Gustó, almacén de comidas”, una empresa familiar que creció a lo largo de los últimos diez años. Al principio fue un enorme sacrificio para ambos, ya que conservábamos nuestros trabajos como fuente de ingresos, lo que implicaba que trabajáramos dobles turnos todos los días.
En el camino aprendimos mucho, también nos equivocamos, pero el empuje que teníamos nos hizo crecer a pasos agigantados, eso y haber tenido a nuestro hijo Donato, nos hizo decidir dedicarnos exclusivamente al desarrollo de nuestro negocio a partir del año 2014.
Con ganas de seguir mejorando y creciendo profesionalmente en el año 2016 llego a APYCEE, en ese tiempo la única escuela en Sudamérica en dictar la carrera de maestro pizzero, en la cual no dude en anotarme. Todo lo que había aprendido hasta el momento cambió, emprendí un camino personal para llegar hasta al conocimiento más profundo.
En el año 2017 participé por primera vez en el Campeonato Argentino de la Pizza en el que sin esperarlo obtuve el tercer puesto en la categoría de pizza a la piedra.
Al año siguiente, con más experiencia, y otro punto de vista volví a presentarme en el certamen. Sorprendentemente gané en casi todas las categorías, y me convertí en el Campeón Argentino de la Pizza, pero además obtuve el pase para participar por el título mundial en Parma, Italia, en abril de este año.
Aún sigo capacitandome, y a la vez formo parte del plantel de docentes de la Escuela Profesional de Maestros Pizzeros de la Asociación de Propietarios de Pizzerías y Casas de Empanadas de Argentina.
Desde el rol que me toca desempeñar intento transmitir incansablemente todo lo que aprendí a lo largo de mi carrera, para que cada estudiante tenga la posibilidad de conocer las diferentes técnicas, y herramientas, existentes, y que de esa forma podamos alcanzar en nuestro país los estándares de producción internacionales.
Quiero que, como en cualquier otra rama de la gastronomía, se valorice el arduo trabajo que desempeña día a día cada maestro pizzero argentino.