28/03/2022
Aunque hayan venido cambiando de forma, la lucha y el conflicto entre clases económicas sigue vigente en la actualidad.
La diferencia es que hoy en día el imperialismo no es tan evidente. Está oculto. Principalmente porque el imperio y la institución dominate son la misma cosa: La Corpotación. Pero ¿Qué es la corporación? ¿Y cómo ha conseguido hacerse con el trono del reino?
Las corporaciones surgieron al comenzar la industrialización de los países más desarrollados, aproximadamente a partir de 1850. Al principio se trataba de un grupo de personas - más tarde denominados capitalistas - que quería invertir su dinero en la creación y ejecución de una empresa. Unidos por lealtades personales y confianza mutua, juntaban sus recursos para montar negocios que ellos mismos dirigían y de los que eran propietarios. Para ello se constituían legalmente como una empresa. Y una vez que el Estado aprobaba sus estatus - sus principios y normas de funcionamiento- se creaba oficialmente un Persona Jurídica. Como tal, estaba protegida y amparada por la ley. Así es como las corporaciones se convirtieron en miembros activos y respetados de nuestra sociedad.
Para lograr un fin, adquirieron muchos de los derechos legales que tenemos los ciudadanos a pie. De hecho, la legislación que ampara su existencia estipula que su principal objetivo es >la búsqueda de su propio interés> equiparando el interés de la corporación con el interés del accionariado. Y no hace mención alguna a su responsabilidad sobre el interés público. En la jerga jurídica se denomina a este derecho responsabilidad limitada. Curiosamente, a la hora de asumir responsabilidades por el impacto social y medioambiental que sus actividades generan, todo se vuelve más difuso.
Nadie a quien responsabilizar
La corporación actual separa la propiedad de la adminisrtación. Por un lado están los accionistas (los dueños), que son los que aportan las ideas e invierten el capital. Y por el otro, el equipo directivo (Los gestores), cuya funnción es dirigir y ejecutar los planes de la corporación. Según establece la ley, los accionistas quedan absueltos de antemano ante cualquier irregularidad o delito que la coorporación pueda cometer. Y lo mismo sucede con el comité ejecutivo. Estos quedan protegidos de las actividades ilegales realizadas por la empresa, a menos que pueda probarse que hayan sido autores intelectuales de los actos punibles. De ahí los tribunales de justicia tiendan a sancionar y condenar a la persona jurídica que representa la corporación, y no tanto a los seres humanos que verdaderamente lo hacen posible.
Amparada por este marco burocrático, en algún momento de su historia la corporación se corrompió, dejando de lado su verdadera razón de ser.
Movidos por la codicia y la avaricia sin fin del ego, los accionistas empezaron a exigir una rentabilidad cada vez mayor. Y a hacerla crecer cada año. Solo así sus negocios adoptaron una nueva religión: la de maximizar el beneficio.
Toda la sucesión de hechos históricos ha posibilitado que la corporación se haya convertido en la institución dominante de nuestro tiempo.
Mediante presiones, contribuciones públicas y sofisticadas, campañas de comunicación y de relaciones públicas, la corporatocracia ostenta a día de hoy más influencia que el sistema político que supuestamente la controla y gobierna. Hace tiempo que los políticos se han convertido en marionetas en manos del poder financiero que mueve los hilos.
Del libro ¿Qué harías si no tuvieras miedo?