11/09/2024
Hace 51 años , algunos días después del golpe de Estado en Chile, mi abuelo, Pierre Kalfon, fue parte de la comitiva de prensa internacional que pudo entrar al Estadio Nacional. Convertido en un centro de detención y tortura para miles de prisioneros políticos. Bajo la presión de la comunidad internacional, la dictadura tuvo que abrir las puertas del estadio para mostrar una versión controlada de lo que allí sucedía.
El 22 de septiembre de 1973, mi abuelo fue testigo de lo que intentaron ocultar: prisioneros hacinados en las gradas, algunos en mejores condiciones para ser mostrados a la prensa, mientras en otras áreas del estadio continuaban las torturas y ejecuciones. La dictadura quería controlar la narrativa, pero las imágenes y los testimonios que surgieron de ese día contaron una historia muy distinta.
Poco tiempo después, mi familia tuvo que salir del país tras recibir amenazas y allanamientos. La situación se volvió insostenible, mi abuelo, junto con mi abuela, mi madre y su hermano, tuvieron que abandonar Chile, uniéndose a los miles de exiliados.
Estas fotos que guardo no solo son parte de la memoria histórica de Chile, sino también de nuestra historia familiar, marcada por el exilio y la lucha por la verdad.
Quelques jours après le coup d’État au Chili, mon grand-père Pierre Kalfon, accompagné d’autres journalistes internationaux, a été autorisé à entrer dans le Stade National, transformé en camp de détention et de torture. Sous la pression internationale, la dictature a permis cet accès contrôlé, montrant seulement une partie de la réalité : des prisonniers en apparence en meilleure condition. Mais les tortures et exécutions se poursuivaient dans d’autres zones du stade.
Peu après cette visite, ma famille a commencé à recevoir des menaces et des perquisitions, les forçant à fuir le pays. Ils ne reviendraient que des années plus t**d. Ces photos sont un témoignage à la fois de la répression et de l’exil qui ont marqué autant de familles. -Jerome Kalfon