16/04/2026
Habitar el cuerpo no es simple ni neutro. Está atravesado por miradas, normas, expectativas y silencios, que nos llevan a reconocernos desde lo ya establecido; qué es bello, qué es sano, qué es aceptable, qué merece cuidado y qué no.
Aprendemos a mirarnos como objeto; algo que se corrige, se optimiza, se mejora o se exhibe. Un cuerpo que vale cuando responde a la norma y que se vuelve problema cuando se sale de ella. Y en ese proceso, muchas veces dejamos de habitarlo, de escucharlo, de sostenerlo.
Qué sucede cuando lo funcional, lo productivo, lo estético, pasan a un segundo plano? Cómo se habita la incertidumbre? Aquello que dábamos por sentado se desplaza, y llega la incomodidad. Por qué muchas veces necesitamos la posibilidad de la enfermedad para volver a mirarnos con ternura?
En ese punto empiezo a entender el habitar de otra forma, no como la idea romántica y más vendida de “amar mi cuerpo todo el tiempo”, sino como una práctica más honesta; otorgándole valor. 🫶🏻
Ahora está para cuidarlo sin que tenga que estar en riesgo para importar, habitarlo como hogar, no como vitrina, como un espacio vivo y no como proyecto de perfección, con conciencia, soltando la mirada que nos empuja a consumirnos a nosotrxs mismxs como si el cuerpo fuera un proyecto de mejora constante y con la memoria de que no todas las experiencias corporales son iguales, pero todas merecen ser nombradas con respeto.
Una vez más expresando con las manos; mi arte, mis procesos, las etapas más luminosas y también las más complejas de mi vida, mis ideas y mis sentires.
Tras descartar un prediagnóstico de CM, las inseguridades, complejos y la vida misma, se asumen desde otro lugar y sostengo con gratitud la importancia y el privilegio de la prevención como una forma concreta de cuidado hacia este cuerpo que habito. 🍃