04/06/2026
Llevaron a una monja mu**ta a la morgue, pero al cortar su hábito apareció una frase: "no realizar la autopsia"; lo que encontraron después no parecía un milagro, sino una pesadilla capaz de destruir todo un convento.
—Doctor… doctor, venga a ver esto —dijo Camilo con la voz quebrándose, dando dos pasos hacia atrás como si la camilla lo hubiera empujado.
El doctor Esteban Fonseca levantó la vista de la mesa de instrumental.
Había trabajado en la morgue central de Puebla durante más de quince años, y muy pocas cosas aún tenían el poder de conmoverlo.
Muy poco.
Pero el cuerpo que yacía sobre el acero congelado aquella noche no era un cadáver cualquiera.
Era una monja.
La joven aún vestía su hábito negro, perfectamente colocado sobre su delgada figura.
Su rostro lucía extrañamente sereno, casi luminoso, como si no estuviera mu**ta, sino simplemente durmiendo después de horas de oración.
La habían traído desde el convento de Santa Clara, en las afueras de la ciudad, con una orden directa para que se le practicara una autopsia.
Su muerte fue demasiado repentina.
Ningún médico del convento había logrado explicar el motivo.
—¿Qué ocurre? —preguntó Fonseca, acercándose.
Camilo tragó saliva con dificultad.
“Hay un desgarro en la tela… en su espalda. Al principio pensé que era un tatuaje.”
Fonseca frunció el ceño.
“Sucede. No todas las monjas ingresan al convento siendo jóvenes.”
Pero ni siquiera él creía en sus propias palabras.
Al inclinarse, vio la marca oscura debajo de la tela rasgada.
Intercambió una rápida mirada con Camilo, y luego ambos dieron la vuelta al cuerpo con cuidado.
Fonseca susurró una oración por costumbre.
Luego pidió unas tijeras y cortó el hábito.
Un segundo después, dejó de respirar.
No era un tatuaje.
Era un mensaje.
Palabras escritas directamente sobre la piel de la niña con letra temblorosa pero perfectamente legible:
No realices la autopsia. Espera dos horas. Lo que necesitas está en el bolsillo de mi hábito.
Camilo se persignó tan rápido que le temblaba la mano.
“No… no, eso no puede ser.”
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