16/10/2026
Cuando me preguntan cómo empecé en el mundo de las flores, siempre me cuesta encontrar un momento concreto.
Porque, en realidad, no recuerdo un comienzo. Recuerdo flores.
Recuerdo ser niña y ver a mi familia trabajando en los invernaderos. Recuerdo a mi madre plantando, cuidando, regando, esperando. Recuerdo a amigos que también estuvieron ahí cuando hacía falta. Recuerdo meses de trabajo para que, al llegar octubre, el invernadero estuviese lleno de flores.
Recuerdo el olor, los colores, las flores entrando y saliendo… y esa sensación de que, durante unas semanas, todo giraba alrededor de ellas.
Nuestra historia comenzó alrededor de 1990, cultivando flores para Todos los Santos. Cada año, en junio, volvemos a plantar. Y más de treinta años después, seguimos haciéndolo.
Quizás esta no sea la parte más bonita de Florearte, ni la más estética. Pero probablemente sea una de las más importantes.
Porque es la parte que nos conecta con la tierra. Con nuestra familia. Con los amigos que han estado ahí. Con los nervios, el esfuerzo y las horas que hay detrás de cada campaña. Y, sobre todo, con nuestros orígenes.
Con los años Florearte ha crecido, ha cambiado y ha tomado otros caminos, pero cada vez que entramos en el invernadero volvemos un poco al principio.
Y quizás por eso Santos nunca será para nosotras una campaña más.
Es memoria. Es familia. Es tierra. Es origen.
Y por eso, cuando me preguntan:
¿Cuándo empezó tu camino con las flores?
La respuesta es sencilla:
Siempre