05/10/2026
En verano, hacer cabañas en el bosque era uno de nuestros pasatiempos preferidos. Lo vivíamos con auténtica pasión. Podíamos pasar horas escogiendo el lugar, buscando ramas, pensando cómo sujetarlas y decidiendo qué tendría aquel pequeño refugio.
Pero una cabaña no era solo una construcción. Era un lugar secreto, un espacio propio y, sobre todo, la puerta de entrada a un mundo que acabábamos de inventar.
La cabaña del bosque nace de ese recuerdo y de la capacidad que tenemos durante la infancia para transformar cualquier rincón con la imaginación. Porque, cuando eres niño, unas cuantas ramas pueden convertirse en un universo entero.
Una nueva pieza de La niña que fui, la madre que soy, una colección sobre los veranos que viví, los recuerdos que todavía permanecen en mí y todo aquello que ahora deseo transmitir.
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