19/04/2026
Japón no me prometía mucho… y aun así me dio más. Caminando por Osaka encontré mi primer Jazz Kissa. Whisky japonés, silencio sagrado y unas JBL viejas que sonaban como si supieran más que yo. No era música de fondo, era un ritual. Ahí entendí lo que Haruki Murakami describe como esa “textura tímbrica singular”. Emoción pura. Regresé a casa con más hambre de con la que me fui y una idea fija clavada en la cabeza. Armar un sistema, pieza por pieza, hasta reproducir esa sensación. Persiguiendo ese sonido cálido, imperfecto, peligrosamente humano. Ahora mi sala huele a vinil, madera y obsesión. Y cada vez que subo el volumen, vuelvo a ese lugar.