24/02/2026
Ayer gritaban a todo pulmón que México necesitaba “mano dura”, intervención extranjera, marines gringos, drones yanquis, lo que fuera con tal de “limpiar” el país del narco. Pedían a gritos que Estados Unidos entrara de lleno, que se acabara el “abrazos no balazos”, que el Ejército mexicano era incapaz, corrupto, cómplice. “¡Intervención ya!”, vociferaban desde sus cuentas verificadas y sus programas de radio en la CDMX, como si el Tío Sam fuera el salvador y no el mayor consumidor y financista del tráfico.
Y ahora, tras el operativo del domingo 22 de febrero de 2026 en Tapalpa, Jalisco donde el Ejército Mexicano abatió a Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del CJNG, en una acción confirmada por la Sedena con inteligencia complementaria de EE.UU., pero ejecutada por fuerzas mexicanas, el país amanece con narcobloqueos, quema de vehículos, enfrentamientos en al menos 20 estados, código rojo en Jalisco, alertas de la embajada estadounidense pidiendo a sus ciudadanos resguardarse.
¿Y qué hacen los mismos que ayer clamaban por fuerza externa? Hoy salen con que “México está incendiado”, que el país se desangra, que la violencia es peor que nunca, que todo es culpa de la 4T, que el operativo fue un error garrafal porque “desató el caos”. Algunos incluso tuitean que “fueron los gringos los que lo hicieron”, que fue una operación yanqui disfrazada, ignorando por completo el comunicado de la embajada de EE.UU. que deja clarísimo: “La operación militar fue planificada y ejecutada por las Fuerzas Especiales mexicanas”, con solo apoyo de inteligencia complementaria bilateral.
La contradicción les explota en la cara: ayer exigían intervención foránea porque “México no puede solo”; hoy lloran que el país arde por actuar con fuerza propia. Ayer minimizaban al CJNG o lo usaban para golpear al gobierno; hoy exageran la represalia para decir que “todo se descontroló por la torpeza de Sheinbaum y Harfuch”. Ayer pedían balazos a diestra y siniestra; hoy dicen que la confrontación genera más violencia (como si el narco se hubiera portado pacífico antes). Cambian el guion cada 24 horas, sin coherencia, sin pudor, solo para mantener la narrativa de fracaso del actual gobierno.
La constante es idéntica: opinan de seguridad nacional desde la comodidad del sillón, sin haber olido el riesgo real, sin entender el territorio, sin asumir que el narco no se derrota con tuits ni con llamados a la invasión. Expertos de ocasión que ayer eran geopolíticos de Medio Oriente, hoy son estrategas militares, mañana serán lo que convenga para atacar. En el fondo, la misma lealtad al viejo régimen que les dio impunidad y privilegios, disfrazada de indignación selectiva.
Desde esta trinchera clara: el que ayer pedía gringos y hoy llora por el caos que genera actuar sin ellos, solo revela su agenda. No buscan soluciones para el pueblo; buscan desgastar al que gobierna con soberanía. El abatimiento de El Mencho es un golpe duro al cártel más violento, ejecutado por mexicanos con apoyo técnico bilateral no intervención. El caos posterior es la respuesta esperada del narco, no prueba de fracaso, sino de que tocaron un nervio profundo.
El que distorsiona eso para fines políticos, solo alimenta al monstruo que dice combatir. Y el monstruo no cae con hipocresía de escritorio.