24/03/2026
En ésta etapa de mi vida, ahora más que nunca defiendo el derecho a decidir de las mujeres, por muchos años yo no quise tener hijos, por miedos, tabús, creencias y juicios que limitaban mi entendimiento, mi autoconocimiento.
Luchaba contra la injusticia, la imposición y lo tradicional, con el tiempo, sucesos de la vida misma, el aprender a escucharme por sobre todo el ruido de la sociedad, me reencontré con ésa parte de mi con la que me pelié pensando que era lo uno o lo otro, me vi con el deseo de maternar, me sentí capaz y segura de ello; ahora que es una realidad descubrí nuevas formas de sororidad, de amor y entendimiento hacía otras maternidades, logré ver por unos instante a través de los ojos de mi madre, sentí, pensé y actué desde un sitio que me ha abierto el entendimiento, así como el corazón, me permití vulnerarme, sentir a profundidades que no imaginaba, valorar lo fuerte, lo milagroso que es mi cuerpo, mi mente y mi conexión con un pequeño ser, lo supremamente cansado, demandante, desafiante de criar, aún estando en compañía de mi esposo y mi tribu. Éso me hizo luchar y gritar con más fuerza por las cuerpas de mis hermanas, esto ha sido hermoso para mí aún con lo cansado porque yo deseaba ser madre, pero reconozco la putiza que es pasar por todo esto, son una avalancha de cambios que nadie que no quiera ser madre debería de pasar, porque fácilmente sería como una tortura perpetua, en donde nadie gana. Por más maternidades elegidas, deseadas y amadas, porque todo infante merece amor, paciencia, entendimiento, así como la experiencia de que su existencia, su llegada es anhelada siempre.