11/01/2026
Colibríes en el Códice Florentino (Historia general de las cosas)
Sigo aferrada a hacer compartir desde la antropología con el pretexto de hablar de aves, en este caso, usando hojas secas de árboles que he recolectado y me han regalado personas que aprecio durante sus viajes. Esta práctica de bordado con material organico lo nombré “bordánico” y para esta serie me basé en el Códice Florentino, una “etnografía” “documento”, (si se le puede llamar así) del siglo XVI escrita Fray Bernardino de Sahagún y sabios nahuas. Para mí, es uno de los registros más importantes sobre la vida, la naturaleza, la medicina, astronomía, animales, etc., de las sociedas nahuas del centro de México, además de que deja ver cómo las aves formaban parte del pensamiento y de la vida cotidiana en la época prehispánica. Para esta serie, tomé como referencia la edición especial de la revista Arqueología Mexicana dedicada a los colibríes en México.
Elegí tres colibríes al azar descritos en el códice., el primero es Quetzalhuitzilin, “colibrí precioso”, del que se dice que tiene la garganta muy colorada, el pecho verde y alas y cola parecidas a las del quetzal. En la revista Arqueología Mexicana, Pascal Mongne propone que podría tratarse del zumbador cola ancha (Selasphorus platycercus) una especie que se reproduce en E.U y Canadá, pero que también es residente en México.
El segundo es Tlehuitzilin, el colibrí flama, descrito como “resplandeciente, como brasa”. En la revista se identifica como Selasphorus sasin, aquí es donde me empiezo a preguntar cosas, (¿umm?) porque me parece que, es casi imposible distinguir visualmente entre el colibrí Selasphorus sasin y el Selasphorus rufus, así que me llama la atención que se presente esta identificación con tanta seguridad (es decir, la del colibri "sasin") y sobre todo, en un códice; porque lo que podemos tener ahora son solo aproximaciones e interpretaciones, aunque puede ser que se hayan basado en restos arqueológicos de ejemplares pero aun así me quedo con la duda. Habría que investigar más a fondo para entender por qué se eligió uno y no el otro… o por qué no dejar abierta la posibilidad de que fueran ambos.
Para el tercer colibrí, bordé a Cuappachhuitzilin, descrito como “leonado o amarillento” esta descripción se podría relacionar con los colibríes ermitaños mesoamericanos del género Phaethornis, cuyos tonos amarillos, bronce y café coinciden con lo que se describe en el códice.
Me gusta pensar mis bordados como notas abiertas y usar mis redes sociales para compartir procesos, preguntas e ideas, sin dar nada por hecho y para abrir el diálogo con otras personas que también se interesan por las aves, los saberes antiguos y las formas en que seguimos mirando la naturaleza hoy en día. Gracias por leerme, les escribe con mucho entusiasmo en este inicio de año, y al otro lado de la pantalla, una etnóloga entusiasta por seguir aprendiendo más de las aves con las que los seres humanos compartimos el mundo.
Ave Lunar
Agredecimientos especiales a Crónicas del Chivizcoyo, Historias de aves por apoyarme con las fotografías de esta serie.