17/05/2026
Hay días en los que una cree que los planes cambian por casualidad. Que la lluvia simplemente cae, que las ferias se suspenden y que la vida desordena agendas porque sí. Pero cada vez estoy más convencida de que no existe el azar. Que todo tiene un sentido, aunque muchas veces recién podamos entenderlo después.
Hoy tenía feria. Había preparado los amigurumis, acomodado cada detalle y puesto, como siempre, un pedacito del alma en todo. Pero la lluvia llegó temprano y obligó a suspenderlo todo. Pensé que mi día simplemente iba a cambiar de rumbo.
Y entonces sonó el teléfono.
Era ella. Una de esas amigas que la vida te regala y que terminan convirtiéndose en familia. De esas personas que elegirías una y mil veces sin dudarlo. De las que están siempre, aun cuando el mundo se derrumba. Con la voz quebrada me contó que estaba en el hospital, acompañando a su hermana, muy grave.
No dudé ni un segundo.
Salí casi sin pensar. Porque hay dolores que no se solucionan con palabras, pero sí con presencia. Porque cuando alguien que amás se rompe por dentro, lo único importante es que sepa que no está solo. Yo no podía cambiar lo que estaba pasando. No podía aliviarle semejante angustia. Pero podía abrazarla. Podía sentarme a su lado en silencio. Podía sostenerle la mano cuando las fuerzas ya no alcanzan.
Mientras iba camino al hospital, un recuerdo me atravesó de golpe: el miedo inmenso que sentí aquella vez que estuve a punto de perder a mi hermana. Ese dolor que aprieta el pecho y retuerce las entrañas. Ese instante en que el mundo parece detenerse y una entiende lo frágil que es todo lo que ama.
Y entonces pensé… ¿qué se dice frente a lo inevitable? ¿Qué palabras alcanzan cuando la vida duele así? Tal vez ninguna.
Quizás hay momentos en los que no existen frases correctas ni respuestas suficientes. Momentos en los que el amor se demuestra simplemente estando. Acompañando el llanto. Compartiendo el silencio. Prestando el hombro para que el otro pueda desmoronarse sin miedo.
Hoy entendí que la lluvia no suspendió solamente una feria. Tal vez el Universo, con esas señales que a veces cuesta interpretar, me estaba llevando al lugar exacto donde tenia que estar 🫶