19/06/2025
Hoy no es diseño. Tino, Tinito, Tinoco, mi gato loco:
Hoy te fuiste para siempre,
y no puedo dejar de pensar en lo incondicional que fuiste para mí.
Fuiste mi gato loco,
ese que se bancó cada uno de los rescates,
que se enojaba, se hacía el duro…
pero siempre, de alguna forma, les abría la puerta a los nuevos.
Tuviste amor y odio por Mina,
adoptaste a un perro como si fuera tu hijo,
y diste espacio a todos los que vinieron después.
A todos los que estuvieron de paso,
te ensamblaste a esta familia,
y hasta aceptaste ceder terreno con Olivia.
Porque sí, eras territorial, pero también sabías amar con generosidad.
Te fuiste antes de mi vida,
porque ya no estabas bien,
porque la estabas pasando mal.
Te fuiste cediendo espacios.
Fuiste incondicional a tu manera.
Muchos te tenían miedo,
porque no te gustaba que te tocaran la panza,
porque sabías defenderte.
Decían que eras malo,
pero no, Tinito… no eras malo.
Habías aprendido a protegerte del maltrato.
Y yo lo entendí desde el primer día,
el día en que te adopté, sabiendo que te habían tirado recién nacido
dentro de una bolsa de plástico…
como si tu vida no valiera nada.
Jamás voy a olvidar
que tu instinto de succión —esa necesidad de la mamá que no tuviste—
lo volcaste en las bolsas plásticas.
Las mismas que te acobijaron en tus primeras horas,
hasta que alguien te encontró y te dio una segunda oportunidad.
Desde ahí, la vida fue cuesta arriba…
pero la peleaste.
Y nunca dejaste de amar.
Tenías un radar.
Oías más allá, sentías más allá.
Sabías quién estaba bien, quién no.
Podías ser el ser más dulce del mundo,
o volverte loco si algo se desajustaba alrededor.
Fuiste un alma sensible, intensa,
un espejo de todo lo que pasaba.
Fuiste quien me cuidó en mis momentos más duros.
Te volviste tierno, incondicional.
Te dabas cuenta cuando yo estaba mal…
y solo te subías a upa,
apoyabas tu cabeza en mi corazón,
y me dabas paz en medio de mis guerras.
Lo hiciste cuando pasé por una separación,
cuando me atacó el herpes zóster,
y también en cada una de mis quimios.
Después de cada sesión de rayos,
te sentabas sobre mí
y me llenabas de mimos.
No eras un gato.
Eras amor con patas,
mi refugio silencioso,
mi medicina.
(Continúa)