11/06/2025
Carta abierta a quienes habitan esta Argentina herida y esperanzada
Hoy, más que nunca, siento la necesidad de compartir algunas palabras como ciudadano, como observador atento de lo que nos pasa y también como alguien que se ha acercado a la Sociología para tratar de comprender mejor este país que tanto duele y tanto amamos.
La condena firme a Cristina Fernández de Kirchner no es solo una noticia judicial. Es un hecho profundamente político, social y emocional. Marca un antes y un después en la historia reciente de nuestra Argentina. Y no por tratarse únicamente de una ex presidenta, sino porque su figura representa —para muchos— una etapa, una identidad, una esperanza, o también, una decepción.
Desde el lado de quienes creen que esto fortalece la justicia y demuestra que nadie está por encima de la ley, el fallo representa una señal positiva, un paso hacia una república más seria y equitativa. Desde el otro lado, hay quienes lo viven como una injusticia disfrazada de legalidad, una estrategia de poder para eliminar a quien supo encarnar las demandas de los sectores más postergados. Y ambas miradas merecen ser escuchadas, porque ninguna sociedad puede construirse silenciando la mitad de su pueblo.
Vivimos en una Argentina profundamente atravesada por el desencanto, la desigualdad y la bronca. Pero también por una energía social que no deja de movilizarse, de discutir, de intentar construir algo mejor. La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿cómo salimos de esta lógica del “todo o nada”? ¿Cómo dejamos de enfrentarnos como enemigos irreconciliables?
Quizás sea tiempo de animarnos a construir una justicia que no solo castigue, sino que repare; una política que no solo acuse, sino que escuche; y una ciudadanía que no solo opine, sino que también se comprometa con el otro, aunque piense distinto.
Este momento puede ser un parteaguas. No para destruirnos más, sino para empezar a mirarnos de otro modo. Con respeto. Con verdad. Con coraje. Porque la Argentina no se salva por decreto ni con odio. Se salva si alguna vez decidimos, juntos, dejar de tirar del país hacia lados opuestos.
Con todo mi respeto y esperanza,
Gustavo