02/05/2026
Durante la Segunda Guerra Mundial, uno de los objetos más venerados del cristianismo tuvo un destino secreto en el sur de Italia.
El Santo Sudario de Turín fue trasladado en 1939 a la abadía de Montevergine, en Mercogliano, provincia de Avellino, para protegerlo de los riesgos de la guerra.
Allí permaneció oculto hasta 1946, resguardado bajo un altar y conocido solo por muy pocas personas.
Entre montañas, silencio monástico y devoción popular, Mercogliano custodió durante años una reliquia central de la historia religiosa europea.
Un episodio poco conocido, pero profundamente simbólico, donde la fe, el patrimonio y la memoria se cruzan en un mismo lugar.