Y no hablamos sólo de arquitectura sino de su significado potencial. Una casa es una casa, hasta que alguien decide convertirla en un hogar. Pensamos en todas las formas de casa. La casa de nuestra infancia, las sólidas casas antiguas, las nuevas con paredes finitas, nuestro primer departamento, los chalets de la costa. No importa en cuantas casas vivamos a lo largo de nuestra vida, cada una es un
a oportunidad de establecer un hogar. De decir “me voy a mi casa”, “te invito a mi casa” o “tenés que conocer mi casa”. Esa es la sensación que queremos ayudar a generar. No hacemos blanquería, hacemos almohadones para acurrucarse, mantas para mirar siete capítulos de una temporada un domingo, antifaces para descansar los ojos después de un día largo frente a la compu, toallas para secarse la cara a la mañana con cara de dormidos, alfombras para salir de la ducha caliente y no enfriarse los pies, pizarrones para dejar un “gracias” o un “perdón” que no nos animamos a decir la noche anterior. O un “te dejé milanesas en el freezer” que también está muy bien. Especieros para que cada uno haga su selección, desde los clásicos del “oréganos + provenzal + ají molido”, hasta los más gourmet del “garam masala + curry ahumado + sal del Himalaya”. Colchoncitos salvadores para los que no tienen sillas para todos. Indicadores de lugar para distribuir a los invitados en la mesa y sentirse Mirtha por un rato. Mueblecitos restaurados, únicos, que nadie más tiene. Y todo hecho como se hacían las cosas antes, con materiales nobles, a mano, con dobles costuras de seguridad, con márgenes responsables de tela, para que duren toda la vida, para que sean parte de nuestro hogar esté donde esté. En Intendente Alvear pretendemos restaurar ese sentimiento de patriotismo que tenían nuestros abuelos. Queremos que “Hecho en Argentina” sea sinónimo de “Hecho a Conciencia”. Empezando por nuestra casa y contagiándolo a otras. Porque un país feliz se funda en casa.