10/05/2022
Necesitamos enviar estas palabras de agradecimiento, en nombre de mi señora Marta Gallardo, 72 años y el mío Claudio Max Rosso 78 años, a la comunidad en general. Es difícil cuando en instancia que estás entre la vida y la muerte separado tan solo por una delgada línea de fuego a punto de envolverte, el color rojo y negro de las llamas y el humo que te agobia. Saber si es preferible abrazar a tu mujer que se resiste a salir del in****no de llamas y perderlo todo, 20 años de lucha para obtener una tranquilidad para los años de nuestra vejez o solo tendernos ya en el lecho de la muerte. Ese tiempo tal vez menor a décimas de segundos, a lo mejor solo pensamiento, el medio más veloz que nunca lograremos alcanzar. Te preguntas entonces ¿Será posible una vez más luchar por poder disfrutar de ese pequeñísimo momento que escogió la Inmensidad del universo para elegirte ser parte para siempre de él? Sin miedos optas finalmente disfrutar esos instantes que te serán difícil, pero, seguro como antes, la fuerza deberá volver a salir, aunque los años ya pesen en tus hombros podrás volver como siempre lo has hecho en creer en el amor y la familia. Mujer, hijos, nietos y bisnietos una familia toda te acompañaran en ello, entonces jalas fuerte a quien ya te acompaña tantos años para alejarte de esa muerte inminente.
Desnudos a pie pelado sobre el cemento, que en otros momentos pudiste sentir helados, ves como en menos de treinta y cinco minutos todo se ha terminado.
Sin querer mirar lo que ya comienza a ser solo el pasado, nos alejamos buscando cobijarnos al amparo, en un lugar de amor entregado en casa de una de nuestras hijas.
Ahí comienza lo inimaginable, mientras aún los trabajos, de los siempre inagotables bomberos dando todo sin importar riesgos, son aun bastante arduos, la puerta de casa comienza a sentir una y otra vez los nudillos de las manos en un ir y venir de gente con interminable ayuda que nos permite primero vestir nuestros cuerpos y luego, dejar salir nuestras emociones contenidas en constantes abrazos de ánimo y fuerza. Entre amigos de siempre diseminados y muchas caras que en su anonimato colaboraban, fueron entregándonos una grandeza de corazones nobles. Esto no fue solo la noche que tratábamos ya de guardar las llamas amagadas en la mochila de nuestras espaldas, ha continuado hasta estos días.
Conozco al Patagón de Aysén desde Marín Balmaceda hasta O’Higgins, soy parte de la lluvia de los cerros y montañas de los grandes nevazones de antaño, de inundaciones, cielos nublados con ceniza cubriendo campo, millas cabalgadas a paso lento para que la tropa por delante no se espíe sus cascos en su eterno caminar. Mate en la mano mientras entre tirito y tirito desmembrando un asado parado, los pensamientos en soledad dejando entre trucos y retrucos que fluyan fluyen las mentiras.
Eso finalmente somos en la Patagonia de Aysén un eterno descubrirnos en lo bueno y en lo malo. Un ir y venir en el camino de hacer y vivir VIDA.
Gracias una vez más gracias a toda la comunidad por su gran generosidad y apoyo.