09/04/2026
LECCIONES DE UN ESQUEJE:
En la palma de una mano descansa una de las lecciones más profundas de la naturaleza. Contemplamos un esqueje de suculenta en un momento de transición perfecta. Hay una hoja madre, una vez firme y vital, ahora exhausta, arrugada y marrón. Pero, milagrosamente, de su base, de su propia esencia que se agota, ha brotado una roseta vigorosa, con sus bordes tintados de un rosa de esperanza.
Esta imagen nos dice a gritos que la muerte no existe de la forma en que la tememos. No debemos temer a la muerte física del cuerpo. Como esta hoja arrugada, nuestro envase material es temporal, un vehículo para una energía que no puede ser contenida. El verdadero temor, la verdadera muerte, es una vida sin sentido ni propósito. El temor real es que nuestro tiempo aquí pase de largo, sin haber dejado una huella, sin haber dado fruto.
Imagina por un momento que eres esa hoja madre. Tu propósito, tu sentido, se cumple en el acto mismo de dar vida. Si simplemente te marchitas sin dejar rastro, tu existencia habrá sido un eco sin resonancia. Pero si, como esta planta, permites que tu energía vital -tu amor, tu conocimiento, tu arte, tus acciones, tu presencia- alimente el crecimiento de algo o alguien nuevo, entonces no has mu**to. Te has transformado. Has asegurado que algo de ti viva.
No temas al final de tu cuerpo. Teme a la esterilidad de tu alma. Teme a la vida que pasa de largo, sin sentido, sin dejar un rastro de luz. Vive, pues, con el propósito deliberado de ser la hoja que da vida.