Camacho Roldan

Camacho Roldan Bienvenidos a CAMACHO ROLDÁN, la única insignia industrial y comercial con más de un siglo dedica Y por la Orchestrelle Co.

Como CAMACHO ROLDAN, ninguna insignia industrial y comercial tiene a su haber más de un siglo dedicado a la producción de muebles de calidad, así como a la de dar en la medida de los más exquisitos gustos. Su permanencia y evolución en el mercado es atribuible a varios factores que van desde la prodigiosa capacidad empresarial y administrativa de su fundador – el insigne Don Salvador Camacho Rolda

n (1827-1900) – hasta la recursividad y el sentido de calidad demostrado por varios de sus sucesores. Cabe también admitir el intangible de la “suerte”, sin el cual la Empresa no hubiere soportado los azotes económicos derivados de la Guerra de los Mil Días, como tampoco los de dos Guerras Mundiales, la Gran Depresión desatada en 1930, los del Bogotazo, o los de tantas otras etapas recesivas a nivel nacional. La Empresa nació en 1846 como una Ferretería en la Plaza de Bolívar, entonces epicentro comercial Santafereño. Esa era la razón social dada entonces a un almacén general donde eran comercializados todo tipo de objetos básicos, desde herramientas hasta cacharrerías y artículos para el hogar. El establecimiento pronto adquirió fama por su organización y surtido a tal punto que en 1855 surgió la necesidad de comercializar sus útiles de escritorio en una sede aparte, la flamante Librería CAMACHO ROLDAN & TAMAYO, ubicada en la Calle Real, hoy Carrera Séptima. Dada la versatilidad de sus inventarios la Librería registro el mismo éxito de su antecesor, convirtiéndose oportunamente en un eje frecuentado tanto por estudiosos como por la elite intelectual capitalina. Paulatinamente, el auge de la Librería propicio su ensanche comercial a muchos renglones aledaños, tales como el de la distribución de las más solicitadas partituras musicales, la de los afamados pianos Weber, las finísimas pianolas de Aeolian y Orchaestrelle, así como la de tantos instrumentos luego utilizados en el Teatro Colon por virtuosos de la talla de Andrés Dalmau. También a la comercialización esmerada de muebles inicialmente destinados al ámbito del estudio, desde Bibliotecas hasta los celebre “Partners Desks” tan apetecidos en esa época. Fue tal la acogida de esos muebles que a comienzos del siglo XX surgió CAMACHO ROLDAN HNOS., empresa destinada a la producción de muebles exquisitos, actividad sostenida hasta el día de hoy. En 1991 la Empresa cambio de manos, dándole su nuevo Presidente un vuelco total tanto en la actualización de sus medios de producción, como la calidad y diseño de línea. De inspiración tradicional, esta se ha integrado totalmente a las exigencias de la vida contemporánea, haciéndola más acogedora, cómoda y funcional – aunque siempre empeñada en superar la abundante oferta de propuestas netamente tendenciosas y por ende efímeras. De ahí que las bondades del mueble “clásico” continúen siendo apenas puntos de referencia en la constante evolución de CAMACHO ROLDAN. CAMACHO ROLDAN:
142 AÑOS TOCANDO MADERA

Pocas empresas tienen en su haber 142 años de historia dedicados a producir los muebles de la más alta calidad y a decorar ambientes con el más exquisito gusto. EL LEGADO DE DON SALVADOR
Cuando se oye el nombre de Salvador Camacho Roldan se piensa en el abogado, el experto en temas económicos, el responsable de la cartera de hacienda en 1870, y en el impulsador del camino de rieles entre Bogotá y el rio Magdalena en la misma década. Lo que pocos recuerdan es que el legado de don Salvador llega hasta nuestros días con la empresa más antigua que tiene el país: Muebles Camacho Roldan. La empresa nación como ferretería en 1846, cuando don Salvador era apenas un adolescente con el deber de sostener a su familia y el reto de hacerse profesional. En ese entonces las ferreterías eran más un almacén general que una tienda especializada de herramientas, se encontraba de todo: desde mercancía de cacharrería, objetos básicos, hasta palas y picas para la construcción. Estaba localizada en el epicentro comercial de la Bogotá de la época, donde tocaba: la Calle Real. En los años 50 la ferretería dio paso a la Librería Colombiana Camacho Roldan y Tamayo, fundada en compañía de su esposa, Carmen Tamayo y de los gramáticos más importantes de la época. La librería pronto se convirtió en un centro cultural, tertuliadero, salón de recitales y en el lugar de encuentro de los intelectuales e inquietos bogotanos que visitaban a diario el local en plena Plaza de Bolívar. Ya en 1855, la familia Camacho Tamayo se lanzó a la gran aventura de importar muebles de oficina de España e Inglaterra. A partir de ese momento los abogados académicos y estudiosos bogotanos empezaron a decorar sus oficinas y bibliotecas con escritorios estilo Chippendale y con los encantadores “partners desks,” diseñados para que los socios compartieran la misma mesa de trabajo. Con estos muebles llegaron también enseres europeos que facilitaban las labores de oficina, como máquinas de escribir y sumadoras que se mesclaron con los objetos propios de una librería. POCO A POCO
Fue tal la acogida que tuvieron estos nuevos productos, que a finales del siglo pasado y en las primeras décadas del siglo XX, la familia decidió diversificar su negocio. Para los años 20, la librería Colombiana Camacho Roldan y Tamayo se había convertido en agente exclusivo de los más renombrados instrumentos musicales: aquí podían encontrarse los pianos Weber y las pianolas fabricadas por la Aeolian Co. Y ya desde 1916 y 1917 anunciaban en la revista Cromos, a toda su reconocida clientela, sobre la llegada de los más finos y perfeccionados instrumentos, que al mismo tiempo llevaban al Teatro Colon músicos importantes de la década como el violista Andrés Dalmaun. Y como la librería Colombiana Camacho Roldan y Tamaño, seguía siendo no solo el centro cultural –por esos días se anunciaba la salida al mercado del libro “De sol a sol”, un compendio de crónicas de Tic-Tac, que costaba $1 peso por ejemplar y podía disfrutarse en agradables tertulias en la librería, que incluían sorbetes y dulces para las señoras capitalinas-. La librería era, al mismo tiempo, sitio clave para la comercialización de los productos más solicitados del momento. Al tercer piso de la calle 12 números 168 a 174 llegaba todo aquel que quisiera curarse o hasta protegerse del paludismo con las “Píldoras Andinas”, el último avance de la ciencia venido a tierras tropicales. Corrían los años 30 y la calidad de los ebanistas de Cundinamarca y Boyacá no era un secreto para nadie, muchos menos para los descendientes de don Salvador Camacho Roldan. Era frecuente además que los muebles de la casa fueran encargados a las más reconocidas ebanisterías de la época. La infraestructura que habían montado y las ingeniosas técnicas nacionales que ya manejaban, se unieron al prestigio de los muebles que por ese entonces se vendían en la librería colombiana. Así se consolido la fabricación de muebles para oficina y el hogar, en la naciente empresa Camacho Roldan Hnos., que compartía el mercado de la época con almacenes de muebles como Luxemburgo y Fabrex. En la primera planta que se instaló a escala industrial en la calle 26 nació el departamento de muebles especializados. Desde aquí se decoraron los salones sociales más visitados en el país, las salas ejecutivas más importantes y hasta se fabricaron muebles para las iglesias de la ciudad. En esos años además de los estilos Hepplewhite y Reina Ana que inspiraron los muebles de la Bogotá de entonces, los que marcaron la pauta en el momento fueron el Adam, el Kittinger y el Federal. Esto, unido a la calidad de las maderas, que como la caoba se trabajaban en el país, la excelente mano de obra y el talento artesanal lograron afianzar el nombre de Camacho Roldán como el fabricante de los más finos muebles en Colombia, que ya a partir de 1955 se terminaron en la planta del barrio La Floresta. Y SIGUE TAN CAMPANTE
A esta empresa el aire le ha alcanzado para sobrevivir a varios y nada fáciles acontecimientos: la Guerra de los Mil Días, crisis económicas, los años de La Violencia, dos depresiones internacionales y las dos Guerras Mundiales. Hoy en día está lista para cruzar el umbral del siglo XXI y entrar en el tercer milenio con pulmones de recién nacido, y con oxígeno para rato. La empresa paso en 1991 a nuevas manos, y cayo –literalmente- en las de Alexander Benet un, hoy por hoy “cubanonorteamericanocolombiano”, entusiasta y apasionado por las causas que como esta no son menos que heroicas. EMPRESARIO
El alma y nervio de Camacho Roldan es hoy en día Alexander Benet, un hombre ingenioso y creativo que, según sus propias palabras “le saca partido a un mamoncillo”, y cuida tan de cerca cada detalle de los

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