06/10/2025
Me llamaron "tonta" por ser como soy, por abrir mi corazón sin condiciones, por confiar aún cuando el mundo me dio mil razones para desconfiar. Pero no soy tonta, simplemente me niego a dejar que la frialdad de los demás me convierta en alguien que no quiero ser. Prefiero mil veces que me llamen ingenua antes que convertirme en alguien incapaz de creer en la bondad, incapaz de tender una mano cuando alguien lo necesita.
Me gusta confiar en las personas, me gusta pensar que no todos son iguales, que detrás de tanta dureza y tanto egoísmo aún hay corazones capaces de sentir, de amar y de valorar lo verdadero. Y si con un gesto mío, con una palabra o con una sonrisa logro encender una chispa de luz en alguien, entonces todo habrá valido la pena. Porque al final, de eso se trata: de sumar, de acompañar, aunque sea en silencio, aunque sea solo estando ahí.
Sí, he recibido decepciones, traiciones y heridas que aún arden cuando las recuerdo. Pero también he recibido abrazos sinceros, miradas que me devolvieron la fe, momentos que me hicieron sentir que vale la pena seguir creyendo. No mido lo que doy ni espero nada a cambio; entrego porque así soy, porque no sé hacerlo de otra forma.
Y si por eso soy "tonta", si por dar de más, por entregarme completa, por amar sin reservas alguien decide etiquetarme así, entonces seré la "tonta" más feliz que existe. Porque al final, mi conciencia duerme tranquila, mi alma está en paz, y mi corazón, aunque herido, sigue teniendo la capacidad de amar. Prefiero cargar con la ingenuidad de creer en lo bueno, que con la amargura de no creer en nada.
Porque los que llaman "tontos" a los que aman con todo el alma, suelen ser los que nunca se atrevieron a sentir de verdad. 🌙