02/11/2025
Doy gracias a Dios por darme el privilegio de plasmar esta obra, una representación artística de cómo percibo Su Espíritu y el mensaje que deseo transmitir a través de mi pintura. Creo firmemente en Dios eterno y en Su Palabra. Él nos creó a Su imagen y semejanza con propósito y en Su amor, envió a Su Hijo, quien tomó forma humana, fue humillado y entregó Su vida para pagar el precio de nuestro pecado. Siendo engendrado por Dios, habitó entre nosotros para abrirnos el camino de regreso a la vida.
En esta pieza, busco representar a nuestro Señor Jesús como el Camino, extendiendo Su mano (marcada por la herida) invitando a pasar de la muerte a la vida.
El cinturón de oro puro simboliza Su divinidad, soberanía, majestad y Su ministerio como Sumo Sacerdote.
En el borde de su vestidura, en hebreo, se lee: “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”
שה האלוהים, הפוטר את העולם מחטא.
Su rostro está inspirado en la reconocida obra de la artista y poetisa estadounidense Akiane Kramarik, quien desde niña afirmó haber tenido visiones del Señor y pintó Su semblante a los 8 años. También tomo referencia del testimonio de Colton Burpo, quien con cuatro años relató haber visto el cielo, ángeles y a Jesús, reconociendo en la pintura de Akiane años después al mismo rostro que él dijo haber visto.
Mi deseo con esta obra es honrar a Dios utilizando el don que Él, en Su misericordia, me regaló, y así compartir el mensaje de salvación con quienes contemplen esta pintura.