Cada una de las figuras son el resultado de un gran espíritu soñador que no se ata a lo fácil, va más allá de entender lo complejo para volverlo sencillo, como si el compromiso fuese lograr que quien mire también sueñe para transformar. Tiene unas manos mágicas, que trabajan, día y noche a veces sin descanso. Es que el sueño no puede cortarse, hay que trasladar a cada figura la inocencia, el color de la vida, de alegría, el agradecimiento. Este trabajo es una historia capaz de llevarnos a los cuentos de los cuales no quisiéramos salir porque seguro allí la vida nunca deja de ser hermosa. Pareciera con sus figuras narra sus propias emociones, sus más grandes sueños, como si quisiera pertenecer a ese mundo de los cuentos donde la aguja y la lana son los artífices en las manos artesanas de una mujer poderosa. Mujer, que es capaz de trasladar esas sensaciones a cada figura. Al mirarlas uno quiere agradecer a la vida. Al mirarlas uno puede emocionarse hasta el punto de poder cerrar los ojos y pertenecer a ese cuento narrado por manos prodigiosas, manos que al parecer no pican la lana con la aguja, lo hacen con el corazón.