03/06/2026
Hay proyectos que nacen de una idea. 📐💡Y otros que nacen de una conversación.
La casa de Ricardo comenzó con algo muy sencillo: aprovechar la extraordinaria luz del sur que entra por sus ventanas y convertir la cocina en el corazón de la vivienda.
Desde la primera visita, el gran ventanal nos sugirió recuperar una tipología tradicional mediterránea: el festejador. Ese espacio junto a la ventana donde sentarse, leer, observar la ciudad o simplemente dejar pasar el tiempo. Una idea que terminó extendiéndose por toda la casa.
Así surgió una cinta continua que recorre la vivienda, acompaña la circulación, ofrece almacenamiento y conecta los espacios comunes. Frente a ella aparece un volumen azul intenso y compacto que alberga las estancias más privadas, estableciendo un diálogo entre ligereza y solidez, entre apertura e intimidad.
En este equilibrio, la cocina adquiere un papel protagonista. Más que un espacio para cocinar, se convierte en un lugar para reunirse, conversar y compartir. Un elemento integrado en el salón que atrae las miradas y alrededor del cual gira la vida cotidiana.
Porque al final, la mejor arquitectura no trata solo de construir espacios, sino de crear escenarios para las historias que están por venir.