09/06/2026
Carlo Mollino nunca diseñó muebles como quien diseña muebles. Los concebía como extensiones del cuerpo, objetos capaces de capturar movimiento, tensión y deseo.
Durante décadas ocupó un lugar incómodo dentro de la historia del diseño: demasiado artístico para la industria, demasiado singular para encajar en las categorías habituales. Sin embargo, su visión parece hoy más vigente que nunca. La reciente adquisición de su archivo por parte de Zanotta y el regreso de la mesa Vertebra ponen nuevamente el foco sobre una obra que desafió las lógicas de su tiempo.
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