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01/09/2026

Mucha gente me pregunta, entre amigos, familiares y conocidos:

“Quiero cambiar mi casa, pero no sé por dónde empezar.”

Y mi respuesta casi siempre es la misma: no empezaría cambiándolo todo.

Antes de empezar una reforma de vivienda, me parece mucho más importante hacer una valoración profunda y ser muy críticos con lo que tenemos delante.

¿Cómo vivimos en esa casa?
¿Qué problemas tenemos realmente?
¿Qué cosas funcionan?
¿Qué merece la pena conservar?
¿Y qué necesita cambiar de verdad?

Porque hacer diseño de interiores no consiste únicamente en elegir muebles bonitos o materiales que nos gustan.

Si voy a invertir dinero en una reforma integral, prefiero hacerlo en aquello que realmente va a mejorar la vivienda: una buena distribución, una iluminación bien pensada, buenos materiales y acabados que duren.

Y si hay elementos que se pueden restaurar, recuperar o adaptar, todavía mejor.

Un suelo antiguo, unas puertas, unas molduras, un mueble… muchas veces tienen un carácter y una calidad que es difícil encontrar en algo nuevo.

Así que antes de tirar, cambiar y comprar, yo pararía un momento.

Analizaría la casa. Analizaría cómo se vive en ella. Y decidiría qué merece realmente la pena transformar.

Porque una buena reforma no debería consistir en gastar más.

Debería consistir en gastar mejor.

¿Tú qué harías primero si quisieras reformar tu casa: cambiar o analizar? 👇

Hay cosas de una casa de las que no te das cuenta hasta que convives con ellas todos los días.Creo que es uno de los err...
26/08/2026

Hay cosas de una casa de las que no te das cuenta hasta que convives con ellas todos los días.

Creo que es uno de los errores más habituales cuando diseñamos una casa: suponer cómo vamos a vivir en ella antes de haber vivido allí.

Me acuerdo muchísimo de mi madre y de las veces que me habló de su casa porque no "tenía" luz. O de la otra, cuando se preguntaba para qué necesitaba construir tres plantas si con dos le habría bastado.

Cuando nos mudamos aquí y tenía siete perros ya empecé a ver señales. Pero ahora, con ocho Goldens y después de haber tenido varias camadas dentro de casa, las trastadas de los jovenzuelos, una Helga cuya única obsesión es meter las patas en cualquier sitio con agua y luego irse a la tierra, las mudas de entre temporadas, los pipís, el barro y viviendo en el campo, tengo bastante material para hacer mis propios experimentos.

Y eso me ha hecho pensar muchísimo en los materiales, ese material perfecto.

Porque cuando crías necesitas extremar la higiene y que los materiales puedan limpiarse muy bien. Y además necesitas que aguanten el desgaste cuando crezcan un poco los cachorros y que no se conviertan en un problema para los perros adultos.

Y ahí viene la contradicción.

Generalmente, cuanto más liso, menos poroso y más fácil de limpiar es un material, a la vez más resbala, especialmente cuando está mojado.

Así que tienes que buscar un equilibrio bastante complicado entre higiene y seguridad. Porque muchas veces, cuanto mejor funciona una cosa, peor funciona para la otra.

Y al final, eso es lo interesante de diseñar una casa: encontrar soluciones que funcionen para tu vida sin renunciar a la estética.

Porque diseñar para una vida real no consiste en intentar que la vida no deje huella en tu casa.

Consiste en diseñarla sabiendo que la va a dejar.

26/08/2026

Hay decisiones a las que no les damos importancia hasta que un día te das cuenta de que sí eran importantes.

Y no estamos hablando del precio del sofá.

Estamos hablando de elegir el sofá que no te gusta, dejar de comprar esa pieza de decoración que te encantaba o renunciar a algo que querías porque no es el mejor momento.

Una vez no pasa nada.

El problema es cuando empieza a convertirse en una dinámica.

Porque puedes acabar viviendo en una casa que, de cara a la galería, habéis elegido entre los dos, pero tú sabes que, en realidad, el peso de las decisiones siempre ha caído del mismo lado.

Y quizá lo más complicado es que muchas veces nadie te ha obligado a ceder.

Simplemente has ido cediendo.

Para evitar una discusión.
Porque al otro le hacía más ilusión.
Porque parecía una tontería.
Porque ya elegiréis la siguiente.

Hasta que un día miras alrededor y te das cuenta de que llevas mucho tiempo viviendo entre decisiones que no habrías tomado tú.

Y para mí, ahí hay una conversación mucho más importante que la de cuánto cuesta un sofá.

¿Cuánto de lo que hay en tu casa has elegido realmente tú?

¿Cuántas veces has descartado algo porque "no es de tu estilo"?Aquí hay otra cosa que me parece bastante curiosa cuando ...
24/08/2026

¿Cuántas veces has descartado algo porque "no es de tu estilo"?

Aquí hay otra cosa que me parece bastante curiosa cuando hablamos de estilos.

Vamos a buscar un jarrón y queremos saber si es Japandi, Wabi-Sabi, orgánico, rústico… como si tuviera que llevar una etiqueta pegada debajo.

Y la realidad es que ese mismo jarrón puede encajar perfectamente en cuatro estilos diferentes.

Porque los estilos no son cajas cerradas.

Hay raíces que comparten. Influencias que se cruzan. Materiales, formas, colores y maneras de entender el espacio que son las mismas, aunque después cada estilo los interprete de una manera diferente.

Por eso hice el test partiendo de los grandes estilos que marcaron el diseño del siglo XX.

No para que salgas de él diciendo «soy minimalista y ahora tengo que comprar solo cosas minimalistas».

Sino para que tengas un punto de partida desde el que entender qué te atrae y empezar a tirar del hilo.

Porque cuando entiendes la raíz, resulta mucho más fácil mezclar, evolucionar y elegir.

Y, sobre todo, dejar de pensar que si algo no tiene exactamente la etiqueta que buscas no puede formar parte de tu casa.

El estilo orienta. No pone límites.

22/08/2026

Hay casas que tienen muchísimas cosas y, sin embargo, cuando entras, todo parece estar en su sitio.

Y hay otras que tienen cuatro cosas contadas y aun así se nota que algo no termina de encajar.

Y en este proyecto teníamos muchos materiales, piezas con historia, elementos vintage, cosas que ya estaban y otras que queríamos incorporar. Y el reto no era quitar cosas hasta quedarnos con cuatro.

Era conseguir que todo tuviera sentido junto.

Que los materiales se hablaran.
Que los colores no compitieran.
Que lo antiguo tuviera su lugar sin convertir la casa en un museo.
Que lo nuevo no borrara lo que ya tenía personalidad.
Y que los objetos que elegíamos tuvieran que ver con la persona que iba a vivir allí, no simplemente porque fueran bonitos.

Porque yo, cuando diseño una casa, cada pequeña decisión tiene un porqué.

Una lámpara, un color, un material, un objeto, dónde colocamos algo, qué dejamos y qué quitamos… incluso esos detalles que probablemente nadie va a señalar cuando entre en casa.

Todo lo hago por algo.

Y eso es precisamente lo que más me gusta de diseñar: coger un montón de conceptos diferentes, algunas ideas nuevas, elementos que ya estaban en el espacio y otros con muchísima historia, y conseguir que al final parezca que siempre habían estado pensados para estar juntos.

Porque una cosa es tener muchas cosas bonitas y otra muy distinta es saber hacer que funcionen juntas.

Y para eso necesitas tener claro qué quieres conseguir, qué encaja con el proyecto y, sobre todo, qué merece la pena mantener.

19/08/2026

¿Y si el problema no es que compres demasiado?

Quizá el problema es que llevas demasiado tiempo intentando mejorar tu casa a base de pequeñas compras.

Una manta porque era monísima.
Un jarrón porque justo habían traído la colección nueva.
Una planta porque estaba ahí, en la entrada del Lidl.
Una cesta porque “algún día” te vendrá bien.
Y ese cacharro de Amazon que no sabías que necesitabas hasta que el algoritmo decidió enseñártelo. 😂

Y no es que ninguna de esas cosas esté mal.

El problema aparece cuando pasan los meses, sigues comprando pequeñas cosas y tu casa sigue sin terminar de funcionar como tú quieres.

Porque una casa no siempre necesita más cosas.

A veces necesitas parar y entender qué está fallando realmente.

Eso es lo que hacemos en el Diagnóstico.

Primero vemos en qué momento estás, cuáles son tus problemas reales y qué quieres conseguir.

Después me mandas fotos y vídeos de tu casa tal y como la estás viviendo —sin ordenar para la ocasión, sin maquillarla— y hacemos una videollamada para poner todo sobre la mesa.

Y unos días después recibes un PDF con 8 o 10 acciones concretas y priorizadas, para que sepas por dónde empezar.

No vamos a arreglar toda tu casa de golpe. Vamos a abordar primero lo que más está afectando a cómo la estás viviendo.

No voy a decirte que reformes toda tu casa ni voy a ponerte deberes.

Porque quizá no necesitas otra manta, otro jarrón ni otra cesta.

Quizá necesitas entender qué necesita realmente tu casa.



Si sabes que algo no funciona y llevas tiempo dándole vueltas sin saber por dónde empezar, el diagnóstico puede ser ese primer paso.

Si quieres dejar de dar vueltas y empezar a tomar decisiones con sentido, escríbeme “DIAGNÓSTICO” y te cuento cómo funciona.

17/08/2026

💭¿Cuántas veces has dejado de hacer algo en tu casa porque alguien te ha dicho que no lo haría así?

❌Le cuentas a alguien que quieres pintar una pared de un color demasiado atrevido y te dice que te vas a cansar.

⛔️Que quieres conservar un mueble antiguo y te pregunta para qué quieres ese trasto viejo.

🚫Que quieres hacer algo diferente y aparece el clásico: “Yo no lo haría”.

Y poco a poco empiezas a mirar tu casa con los ojos de los demás.

Hasta que terminas haciendo una casa que funciona perfectamente para todo el mundo… menos para ti.

A mí esto me recuerda muchísimo a cuando hice mi proyecto final de carrera.

Tenía un tutor, pero después había un tribunal y, claro, terminabas preguntando a uno, a otro… y cada uno tenía una opinión diferente.

Y llegó un momento en el que pensé: “Es que si intento contentar a todos, es que esto es un despropósito”.

Y con una casa pasa exactamente lo mismo.

Cuando rehabilité la mía, ya tenía claro que quería incorporar materiales recuperados, reutilizar cosas y hacer piezas únicas que tuvieran mi sello.

Incluso me había planteado romper botellas de vidrio de distintos colores y convertirlas en una especie de vidriera con resina.

🟡Hasta que encontré los cristales.

Así que yo ya sabía perfectamente lo que quería hacer con ellos.

A mi padre no le gustaba la idea y, después de hablar conmigo, decidió que la solución era andar por encima de ellos para que no pudiera utilizarlos.

Así que, como soy una cabezota, decidí que los iba a incorporar igualmente, los que sobrevivieron al destrozo.

Y, de hecho, todavía hoy sigo buscando trozos de cristales para seguir haciendo cosas con ellos.

Porque tu casa no tiene que ser la que tu padre habría hecho, la que tu amiga elegiría o la que alguien de Instagram considera bonita.

Tiene que ser la casa en la que tú quieres vivir.

🤔¿Cuántas cosas tienes en tu casa porque los demás y cuántas tienes porque tú realmente quieres tenerlas?

Creo que cuando la mayoría de la gente entra en una casa, lo primero que mira es cómo está diseñada.Si es bonita, si le ...
15/08/2026

Creo que cuando la mayoría de la gente entra en una casa, lo primero que mira es cómo está diseñada.

Si es bonita, si le gusta el sofá, los colores, la distribución…

Y tiene todo el sentido, porque todos tenemos ojos y tenemos esa opinión crítica que nos hace decidir enseguida si algo nos gusta o no.

Pero a mí me pasa otra cosa.

Me encanta observar a la gente y sus patrones. Un poco en plan Sherlock. 😂

Y cuando entro en una casa me paro a mirar:

¿Realmente utilizan este espacio?

¿La mesa es práctica para ellos?

¿Es del tamaño que necesitan?

¿El sofá se les queda grande, pequeño?

¿Para qué lo utilizan realmente? ¿Para ver la tele, leer, charlar, echarse una siesta…?

Porque muchas veces diseñamos las casas pensando en lo que entendemos que debería tener una casa, no en lo que realmente necesita la nuestra.

Hacemos una lista:

Tiene que haber un comedor → ponemos un comedor.
Y si puede ser grande, mejor.

Tiene que haber una mesa → ponemos una mesa.
Y si podemos meter otra en la cocina, mejor todavía.

El salón necesita un sofá → ponemos un chaise longue y otro de tres plazas.

Y ya está.

La casa cumple.

Pero luego…

Una mesa enorme que casi nunca usas porque te da miedo que se estropee.

Un sofá en el que la familia se pierde cuando ve la tele.

Una habitación llena de objetos, pero vacía de personas.

Un rincón que lleva años convertido en el sitio donde van a parar todas las cosas que no sabes dónde poner.

Y como nunca nos paramos un momento a preguntarnos si todo eso sigue teniendo sentido para nosotros, seguimos.

En piloto automático.

Hasta que un día miras tu casa y piensas:

“¿En qué momento acabé viviendo así?”

Por eso, para mí, la pregunta no es si tu casa es bonita.

Es:

¿Tu casa está organizada para la vida que tienes o para la vida que te impusiste que ibas a tener?

Quizá no necesitas más cosas.
Quizá necesitas cuestionar las que ya tienes.

🌿 Si quieres empezar a mirar tu casa de otra manera, puedes descargar FLOR gratis desde el enlace de mi perfil.

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