28/09/2026
Cuando diseñas una casa, sobre el papel todo tiene que estar perfectamente medido.
El plano está a escala, mides cada centímetro de los muebles, calculas las distancias, las circulaciones, dónde empieza una cosa y termina otra…
Todo tiene que encajar al milímetro.
Pero luego llega la vida real.
Y las casas no funcionan como un plano.
La gente las vive.
Se mueven las cosas, los materiales envejecen, aparecen marcas, una pieza se rompe, una planta crece donde le da la gana y cada persona que pasa por esa casa va dejando un poquito de su huella.
Y cuanto más tiempo pasa, más me gusta esa parte.
Porque creo que hemos llegado a un punto en el que estamos demasiado acostumbrados a verlo todo perfectamente diseñado, perfectamente editado y perfectamente presentado.
Y precisamente por eso cada vez valoro más las cosas que no se pueden repetir exactamente.
Una pieza hecha a mano.
Una técnica artesanal que lleva generaciones haciéndose de la misma manera.
Un material que cambia con el tiempo.
Un objeto que tiene una pequeña imperfección y que, precisamente por eso, es único.
Para mí, eso también es diseño.
No intentar que una casa parezca que acaba de salir de un render, sino diseñarla sabiendo que después va a ser vivida.
Porque una casa puede estar perfectamente pensada y, al mismo tiempo, dejar espacio para que la vida haga de las suyas.
Y cada vez me gusta más que sea así.
¿Tú eres más de casa perfecta o de casa con historia?
Pd.: la marca del mármol mi cabeza y yo no la olvidaremos.