14/04/2026
La vela de papiro llevaba meses agotada, en todas sus versiones; la gordita de 40gr, la trenzada de 20… la básica de 15gr… todas.
Hoy la he vuelto a hacer en el taller nuevo.
Mezclando ceras con joyería… en un banco en el que aún no he decidido si pintar o no, ya que mi carpintero dice que el olor del ciprés es un pecado pintarlo… y razón tiene.
Entre ciprés y papiro Mayi me ha dejado una infusión de hinojo sobre el banco y se me ha enfriado — estaba en ese pulso de cortar mechas, atarlas, enfriar cera para modelar y calentarla para impregnar los hilos... Todo al mismo tiempo, todo en su temperatura exacta.
Menos la infusión.
Mientras la tomaba para irme, miraba al techo con las luces y las máquinas ya apagadas… Por el tosco cristal del techo entra una luz fría, de terraza de primer piso. Una luz que no calienta pero que pone cada cosa en su sitio.
Es exactamente la luz que nos pertenece.
Blanca. Con ese olor seco y amaderado que huele a saberes antiguos, a páginas que guardan mensajes que alguien dejó para nosotras.
Para cuando necesitamos silencio interior. Para abrir la mente y recibir lo que ya sabemos pero aún no hemos escuchado. Para limpiar, para escribir, para conectar.
Todas las tiradas son iguales y a la vez distintas. La calma de hoy está dentro de estas velas. La luz fría también.
Nueva tirada disponible en la web 🤍
Pd: solo he hecho cortas.
Pd2: mañana haré algunas de rosa damascena.