16/07/2026
"Mi alma ha sido hoy enaltecida." Y puso a su hija por nombre Mariam.
Altar dedica al culto y veneración de la Insigne y muy Antigua Imagen de Nuestra Señora Santa Ana y Venerada imagen de San Juaquin.
FUNDAMENTO:
Relatan los evangelios apócrifos, ingenuos relatos urdidos por la imaginación fervorosa de los primeros cristianos para completar con ellos los silencios de los evangelios canónicos. Esto es lo que nos revelan los Evangelios Apócrifos sobre Santa Ana y San Joaquín:
Vivía en aquellos tiempos en tierras de Israel un hombre rico y temeroso de Dios llamado Joaquín, perteneciente a la tribu de Judá. A los veinte años había tomado por esposa a Ana, de su misma tribu, la cual, al cabo de veinte años de matrimonio, no le había dado descendencia alguna.
Joaquín era muy generoso en sus ofrendas al Templo. Un día, al adelantarse para ofrecer su sacrificio, un escriba llamado Rubén le cortó el paso diciéndole: "No eres digno de presentar tus ofrendas por cuanto no has suscitado vástago alguno en Israel".
Afligido y humillado, Joaquín se retiró al desierto a orar para que Dios le concediera un hijo. Mientras tanto Ana se vestía de s**o y cilicio para pedir a Dios la misma gracia. No obstante, los sábados se ponía un vestido precioso por no estar bien, en el día del Señor, vestir de penitencia. Estando así en oración en su jardín suplicaba a Dios con estas palabras: "¡Oh Dios de nuestros padres! Óyeme y bendíceme a mí a la manera que bendijiste el seno de Sara, dándole como hijo a Isaac".
Al decir estas palabras dirigió su mirada al árbol que tenía delante y, viendo en él un pájaro que estaba incubando sus polluelos, exclamó amargamente y con repetidos suspiros: "¡Ay de mí! ¿A quién me asemejo yo? No a las aves del cielo, puesto que ellas son fecundas en tu presencia, Señor."
La humilde súplica de Ana obtuvo una respuesta inmediata de lo Alto. Un ángel del Señor se le apareció anunciándole que iba a concebir y a dar a luz, y que de su prole se hablaría en todo el mundo. Nada más oír esto prometió Ana ofrecerlo a Dios al instante. Al mismo tiempo Joaquín recibió idéntico mensaje en el desierto, por lo cual, lleno de alegría, volvió al punto a reunirse con su esposa.
Y se le cumplió a Ana su tiempo y al mes noveno alumbró. Cuando supo que había dado a luz una niña, exclamó: "Mi alma ha sido hoy enaltecida." Y puso a su hija por nombre Mariam.
Al cumplir su primer año Joaquín dio un gran banquete presentando su hija a los sacerdotes para que la bendijeran. Mientras tanto Ana, dando el pecho a la niña en su habitación, componía un himno al Señor Dios diciendo: "Entonaré un cántico al Señor mi Dios porque me ha visitado, ha apartado de mí el oprobio de mis enemigos, y me ha dado un fruto santo. ¿Quién dará a los hijos de Rubén la noticia de que Ana está amamantando? Oíd, oíd, las doce tribus de Israel: "Ana está amamantando". Y, dejando la niña en su cuna, salió y se puso a servir a los comensales.
Joaquín quiso llevar a la niña al Templo del Señor para cumplir su promesa cuando la pequeña cumplió dos años. Pero Ana respondió: "Esperemos todavía hasta que cumpla los tres años, no sea que vaya a tener añoranza de nosotros". Y Joaquín respondió: "Esperemos".
Por fin a los tres años fue llevada la pequeña María al Templo, donde el sacerdote la recibió con estas palabras: "El Señor ha engrandecido tu nombre por todas las generaciones, pues al fin de los tiempos manifestará en ti su redención a los hijos de Israel". Y la hizo sentar sobre la tercera grada del altar.
Con este heroico rasgo de desprendimiento los apócrifos cierran el capítulo dedicado a los padres de la Virgen María. Después de dejar a su hija en el Templo Ana se aleja silenciosamente y se esfuma para siempre. Su misión había terminado.
DETALLES DEL ALTAR:
Sobre un telón verde olivo, destaca la muy Antigua Imagen de Nuestra Señora Santa Ana, representada como mujer paciente y humilde. Durante cuarenta años sufre sin queja la tremenda humillación de la esterilidad. Cuando, por fin, su amargura se derrama en presencia del Señor, sus quejas son tan suaves y humildes como las flores que se inclinan al Señor a escucharla. Su larga prueba no ha endurecido su corazón, no le ha agriado. Es todavía capaz de reconocer que todas las criaturas de Dios siguen siendo buenas y la obra del Señor, perfecta; es ella únicamente la que parece Destacar en este armonioso conjunto. Y —nótese ese detalle de una exquisita femineidad— en honor del Señor, en su día, se viste de gala aunque su corazón esté triste. Recordandos como árbol que ella vio, la encieran unas hojas doras, ella como ejemplo de una fe firme como el roble, y suave con un iris, porque toda mujer sabrá apreciar lo que esto supone de delicado olvido de sí.
A su costado un Angel en vuelo portando un candelabro, signo de compañíay confianza, que en el vientre de Ana, esta María. Y también esta Jesús que es la Luz.
Otro Angel sostiene sobre sus manos un nido, recordándonos el lamento de Ana. Ay de mí! ¿A quién me asemejo yo? No a las aves del cielo, puesto que ellas son fecundas en tu presencia, Señor."
A distancia, vemos la Imagen Generosa de San Juaquin. Quien nos recuerda su oración y ayuno en el desierto. Consolado por un Angel quien le da la buena Noticia, que Ana está en cinta.
Todo el altar esta completamentado por Flores Iris artesanales, como las semillas necesitan agua para florecer. Asi nos recuerdan la gracia de pedir, para tener, a su vez, el gozo de dar. Como Ana, en cuanto tiene la seguridad de haber sido escuchada, su primer pensamiento es devolver algo por la gracia recibida.
Idea y Realización: Moises Yac.
Gracias a la Comunidad Santa Ana - Escuintla
Por esta oportunidad.
Fotografías: J. Arevalo.
El señor nos permita seguir sierviendo y conservando la Altarería Tradicional.