05/09/2026
CUANDO LA MEDICINA LLEGA A TU VIDA, HAY UNA RESPONSABILIDAD.
PERO CUANDO TÚ LA PIDES, LA RESPONSABILIDAD ES MAYOR.
Hace algunos años, alguien que comenzaba a caminar cerca del temazcal me pidió piedras.
No cualquier piedra.
Piedras que habíamos ido a buscar al volcán.
Piedras ofrendadas.
Recibidas.
Destinadas al fuego.
Me preguntó si podía darle veintiocho.
Antes de responderle le hice una pregunta:
—¿Para qué quieres la medicina?
Me explicó sus razones.
Y entonces le dije que sí.
Pero también le dije algo que con los años he entendido todavía más:
—Cuando la medicina llega a nuestra vida, la responsabilidad es grande. Pero cuando uno la pide, la responsabilidad es todavía mayor. Y tú la estás pidiendo.
Porque una cosa es encontrarte con algo en el camino.
Y otra muy distinta es llamarlo.
Cuando extiendes las manos y dices:
“Yo quiero.”
“Yo estoy pidiendo.”
algo cambia.
Porque ya no puedes decir que simplemente apareció.
Tú tocaste la puerta.
Y pedir medicina no es pedir un objeto.
Es pedir una relación.
Una relación con el fuego.
Con la palabra.
Con aquello que vas a cuidar.
Y, sobre todo, contigo mismo.
Porque cualquiera puede cargar veintiocho piedras.
Lo difícil es cargar con dignidad el compromiso de haberlas pedido.
Recibir algo sagrado no te vuelve más importante.
Te vuelve más responsable.
No te da rango.
Te pide congruencia.
No te convierte en dueño.
Te recuerda que ahora hay algo que cuidar.
Aquella vez no estaba entregando solamente veintiocho piedras.
También estaba poniendo frente a él el peso de haberlas pedido.
Y quizá eso vale para muchas cosas en la vida.
Ten cuidado con aquello que llamas sagrado y decides pedir.
No porque no debas pedirlo.
Sino porque hay puertas que, cuando se abren, también esperan algo de ti.
Porque si algún día la medicina responde...
también tendrás que responder tú.