La idea primordial consiste en elaborar productos únicos que manifiesten el espíritu de nuestras tradiciones y la esencia orgánica de la región; de bosque seco y matorral. El nombre proviene del contacto que tuve con algunas imágenes trazadas en barro bruñido, en museos del vecino municipio de Tlaquepaque. De entre la flora y fauna representada en todo tipo de jarros y jarrones, ollas, vasijas y l
ozas, destacaban dos figuras folclóricas: por un lado el nahual, aquel legendario hombre capaz de cambiar de forma y piel a voluntad, por la de una fiera, en el mayor de los casos un león; por otro lado estaba una cierva blanca, que aparece siempre alegre y danzando, o dispuesta a hacerlo. Hasta hoy en día desconozco si existe una historia detrás de esta última creatura, pero en el transcurso de este proyecto será imperiosa la búsqueda de su significado. Para los wixáricas los ciervos figuran entre sus deidades, y muchos otros pueblos mexicanos los tienen como símbolo de buena suerte y vitalidad. En la cultura celta los ciervos albos son mensajeros y guías del inframundo. Jorge Luis Borges la soñó y compuso un poema al respecto llamado La cierva blanca: ‹‹Los númenes que rigen este curioso mundo/ me dejaron soñarte pero no ser tu dueño;/tal vez en un recodo del porvenir profundo/te encontraré de nuevo, cierva blanca de un sueño.›› Mi experiencia reconoce a esa imposible presa, y la fugacidad de su materialidad; fue la primera pieza de la colección que traté de moldear y en cada ocasión subsiguiente fracasé. Sin embargo, a medida que este sueño prospere, las herramientas para su captura mejorarán… o quizá sea esa imposibilidad la verdadera insignia y el verdadero motivo de que esto exista.