25/04/2022
A veces pareciera que hemos perdido todo, que mucho de lo que hemos construido se ha ido y que el mismo tiempo nos va olvidando entre sus fibras.
Pareciera que solo nos quedamos con lágrimas que nos arropan cada centímetro del cuerpo.
Se vuelve difícil vestir nuestra alegría cuando no tenemos ni un Maxtlal, duele cuando nos quedamos con un cuerpo en soledad que siente el frío de la realidad, y que está conectado a una mente que no tiene una manta de esperanza.
Nos encontramos con hilos de confusiones que no nos permite estar claros para saber qué ponernos, con textiles de algodones marchitos que se machan con cualquier tono gris y que algunas veces pasan a ser negros para vestirnos de luto.
Pareciera que a veces todo lo que nos pongamos en la vida, nos va mal, que no hay tono que nos quede y mucho menos uno que pueda recuperar el deseo de seguir adelante.
Pero creo que a veces cuando ya no nos queda nada, es cuando encontramos algo que no puede percudirse; el corazón.
Cuando nos acercamos a él desnudos y vulnerables, nos muestra nuevas combinaciones y nuevas formas para vestirnos y conquistar los nuevos retos. Nos enseña cómo maquilar nuestras oscuridades y como tejer nuestras iluminaciones.
Me gusta saber que toda situación y mal momento puede mudarse, pero no un corazón que tiene hilos de guerrero.
Hay cosas que traen una cáscara muy difícil de romper, pero en la suavidad de la paciencia, y amor hacia uno mismo se puede tejer esperanza y nuevas hojas para escribir.
Me gusta saber que cuando ya no queda nada, solo nos quedamos con nosotros mismos y con un corazón que puede estar cansado y sensible, pero que es el más cómodo y suficiente para continuar 🗡✨🖤
___
Inspirado en el textil nahual del Maxtlatl
Texto e imagen: Aswer García