03/09/2026
EL ORIGEN DEL CIGARRO
Aunque los ci****os cubanos son quizá los más preciados del mundo, el cigarro probablemente no se originó en la isla. Fumar puros primero se arraigó en otras partes en el continente americano – exactamente donde y cuando sigue siendo incierto. Una vasija cerámica descubierta en Guatemala, fechada al menos en el siglo X, muestra a un maya resoplando hojas de tabaco ligadas con una cuerda. (Los mayas podrían haber dictado el nombre del objeto: su palabra para fumar, sik’ar, muy probablemente condujo al español cigarro y al inglés cigar, del cual el cigarro toma su nombre.) Cuando Colón llegó al continente, él también descubrió el tabaco, los nativos del continente fumaban manojos de trenzadas hojas de tabaco envueltas en palma seca o tuzas de maíz.
Los españoles descubrieron que los mayas eran apasionados fumadores de tabaco, usando la hierba y ocupándose en un hábito previamente desconocido para el mundo occidental. De acuerdo con la evidencia etnológica y arqueológica, esta costumbre no era solamente un pasatiempo social, sino también tenía significantes implicaciones mitológicas y religiosas; penetró profundamente el folclor maya e influyó fuertemente en el arte.
Entre los mayas, el hábito de fumar tabaco probablemente se desarrolló de la costumbre de quemar incienso durante los ritos religiosos y seculares. Para alimentar el fuego, los chamanes usaban cogollos secos, resinas y hojas de plantas aromáticas, incluyendo el tabaco, el cual en su estado natural a menudo alcanzaba una considerable riqueza de crecimiento. Ocupados así, los acólitos soplarían las cenizas y chispas e inhalarían el humo, experimentando los efectos placenteros de la hierba. Podría haber sido de esta primitiva forma de “oler tabaco” que las tres principales formas de fumar tabaco – en pipas, puros y ci*******os- se hayan desarrollado.
Según los datos etnológicos e históricos, fumar tabaco jugó un importante papel en la religión antigua, folklore y curación de los mayas. Describiendo sus ceremonias, varios observadores contemporáneos atribuyen efectos narcóticos y alucinógenos al tabaco.
¿Por qué Nicotiana tabacum, una hierba consumida sin tales efectos por millones, produce esos efectos en algunas regiones? La pregunta podría ser respondida en una de las siguientes maneras: (1) los antiguos mayas fumaban un diferente pero más potente tabaco. (2) ellos fumaban tabacum en cantidades bastante grandes. (3) los chamanes mayas usaron medios no farmacológicos, tales como reverberación, cantos, danzas y diferentes formas de música, para introducir estados similares al trance; o (4) en algunas ocasiones, consumían hierbas con propiedades alucinógenas simultáneamente con el tabaco o en lugar de él.
La importancia del tabaco en la cultura maya es evidenciada por su aparición en el Popol Wuj, el libro que hace un recuento de los orígenes de la humanidad, las acciones de los dioses y la historia K’iche’ hasta 1550. En un episodio, los dioses gemelos son sometidos a una prueba en la cual deben pasar la noche en una cueva en la total oscuridad y mantener sus ci****os encendidos. En lugar de eso, los dioses apagan sus ci****os, pero ponen luciérnagas en las puntas de los ci****os con la intención de engañar a los Señores de Xibalba (quienes los prueban) haciéndoles creer que los ci****os permanecieron encendidos. A la mañana siguiente, los dioses vuelven a encender sus ci****os y salen victoriosos de la cueva.
Escenas pintadas en los códices, talladas en monumentos de piedra y retratadas en cerámicas, ilustran la acción de fumar.
Escenas en el Códice Madrid (que data del periodo posclásico tardío) casi con certeza retratan figuras fumando objetos similares a ci****os o ci*******os. Similares representaciones decoran las tablillas de la ciudad de Palenque, con floreros cerámicos, platos y conchas talladas. Escenas que probablemente retratan la acción de fumar, pero sin representar el humo, también se ven en floreros y esculturas cerámicas. Objetos que podrían ser ci****os grandes, ya sea en las manos de figuras o combinadas en la composición, son retratados en muchos de los artefactos.
Los objetos que los mayas aparentemente usaron para fumar, representados como artefactos sobrevivientes, pueden ser divididos por tamaños entre ci****os y ci*******os. Objetos grandes, similares a bengalas sostenidos en las manos pueden ser ci****os muy grandes. Hay también distintas categorías en el estilo en que el humo es representado. En algunos casos (donde el color es determinable) los ci*******os están pintados de blanco, dando la impresión que los mayas o envolvían su tabaco en otra sustancia, tales como tusa, muy similar a la manera en que los ci*******os son envueltos hoy en día, o aplicaban algún revestimiento, tal como cal, al tabaco.
Cumplida por personas de aparente alto rango, fumar en el tiempo de los antiguos mayas era probablemente una actividad de considerable importancia en vez de solamente un acto de placer. Ejemplos de arte maya y otros artefactos arqueológicos prueban que el tabaco y la acción de fumar tenía un profundo significado religioso en la vida de los antiguos mayas.
Posiblemente el uso del tabaco fue solamente esotérico al principio, relegado a chamanes, sacerdotes y curanderos. Solamente después, a través de las migraciones, el intercambio de costumbres tribales, la abundancia de tabaco en algunas áreas, la facilidad por la cual se adquiría el hábito de fumar y la influencia europea, pasó la planta de su exclusividad sacerdotal al uso general.
La posibilidad de fumar por placer era también una costumbre muy extendida entre los antiguos pobladores mayas y esta no puede probarse ni contradecirse. Las vidas de la gente ordinaria simplemente no se consideraron lo suficientemente importante para evidenciar y/o preservar para la posteridad.
Imagen: El anciano dios L fumando un gran cigarro. Marco de puerta, Templo de la Cruz, Palenque, Chiapas.
Furst, Peter T., editor. Flesh of the Gods. The Ritual Use of Hallucinogens. New York: Praeger Publishers, 1972.
Robicsek, Francis. The Smoking Gods. To***co in Maya Art, History, and Religion. Norman: University of Oklahoma Press, 1978.