17/05/2025
El taller de los sueños no está cerrado… solo está en silencio…
Hay momentos en la vida en que una tiene que poner sus sueños en pausa. No porque hayan dejado de importar, sino porque hay cosas que —de pronto— se vuelven urgentes. La salud. La familia. El alma.
Y entonces, una mira ese taller donde comenzó a construir algo con tanto amor…
y lo ve lleno de polvo,
con las telas cubiertas,
con herramientas quietas como dormidas.
Y duele.
Duele porque una parte de ti siente que ha fallado, que no pudo con todo, que no supo sostenerlo todo.
Pero, ¿sabes qué? No es un fracaso.
Es solo un paréntesis.
Una pausa sagrada.
Los sueños no se mueren porque no los compartas en redes, ni porque no publiques cada día, ni porque el taller esté en silencio.
Los sueños también respiran en las pausas.
Se cuidan en lo invisible.
Se fortalecen en lo profundo.
Y aunque estés agotada de “sanar”, de buscar respuestas, de andar en círculos…
aunque te duela sentir que no llegas a ningún lado,
hay algo que no debes olvidar:
Estás llegando a ti.
A tu verdad.
A tu necesidad real.
Y eso, también es parte del camino.
Así que no.
El taller de tus sueños no está cerrado.
Solo está esperando el momento justo en que tu corazón vuelva a tener espacio.
Y cuando eso pase, las ideas volverán.
Las manos volverán a crear.
El alma volverá a florecer.
Hasta entonces…
respira.
No te juzgues.
Y si puedes,
pon una flor en la estantería.
Para recordarte que lo bello sigue ahí,
aunque hoy no lo puedas tocar.
Abeja Reina, diseño con alma… incluso cuando el alma está cansada.