16/05/2023
Los espacios. El papel. La luz. El jarrón. El desnudo. Los niños. La celebración. El Subhombre. El azul. El ser y el sentir. Los juguetes. Lo lindo, lo feo. La domesticación del todo. El peso de la cultura.
La evolución e involución constante. El Encasillamiento. Que todo tenga un sentido. Las dietas. Los planos. El lápiz. Ir a lo primario.
Sentirlo como un oficio. La cuerda de ropa en el patio. 3.000.000. Irte para entenderlo. La mezcla. El arte como un todo. Los distintos mundos dentro de un mundo que a la vez es parte de otro mundo siendo este a su vez parte de otro que forma parte de muchos. Dios. Flash. La no composición de la composición. El equilibrio, de cada uno. La
paleta. La transparencia. El vestuario. Disfraz. Los animales. Su lugar. El invento de la heladera. Quién se comió la torta. Es hombre. Es mujer. Tené cuidado. La necesidad del collage. El sentarse a la
mesa. No es domingo. La información como exceso. La torta como simbolismo divino. La quietud de la estatua.
La se*******ad en todos los mundos.
Los distintos mundos dentro de un mundo que a la vez es parte de otro mundo siendo este a su vez parte de otro que forma parte de muchos.
La fragilidad que la cotidianeidad nos hace olvidar y recordar constantemente como un macabro juego.
Cuando pinto y nace un personaje, va ganando en cada pincelada un poco más de independencia, hasta llegar a un punto en donde ya no es
de mi control, se ubica y expresa como quiere, adquiriendo un significado que nunca estuvo pensado.
Siento acá que los personajes hacen una pausa, no nos miran, los agarramos en un momento íntimo, de desnudo.
Como en la vida real, estos seres habitados tienen sus propias historias, en las que ingresamos, pero no somos del todo bienvenidos.
Siento también con este universo disfrazado, la cantidad de mundos
que habitan en el mundo de uno. La libertad y fragilidad que
necesitamos para jugar en este juego de cambiantes escenarios y
personajes que es la vida.
La necesidad de la risa, del juego, del reconocernos en cada uno que
vemos.
Podemos mirarlos por horas, observar cada detalle, pero sin ser
parte. Mirarlos me deja un sentimiento agridulce, sabiendo que ese
universo vive en otra parte y yo no dejo de ser una simple
espectadora.
Cuando era chica, sentía que cuando me ponía de espaldas a mis
juguetes, estos se movían para volver a su lugar en el instante en
que me daba vuelta a mirarlos, y lo mismo siento con ellos.
Por un segundo vuelvo a mi niñez. A imaginar un mundo debajo de una
mesa.. A reír mil veces de lo mismo. A abrazar un juguete. A ser
feliz con poco.
Entonces como buena niña, me río. Pinto y pinto y me da risa. Me da
risa de que importe si sos hombre o mujer, me da risa de que el
desnudo genere seriedad y violencia, me da risa que los animales de
los dibujitos sean nuestra comida, me da risa de que tocarnos sea de
censura, me da risa de que ya no tengamos más juguetes, me da risa de
que andar disfrazado sea de loco, me da risa de que ya no exista más
el ¿queres ser mi amigo? O ¿El, querés jugar conmigo?